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De una prótesis artesanal a un sueño hecho realidad

José Israel nació en Manizales y a sus dieciocho años, tomó la decisión de viajar a Medellín, para emprender una nueva vida llena de aventuras. Tres meses después de su mudanza, encontró a la mujer de sus sueños, con la que unos años más tarde, tuvo una hija, quien luego los convirtió en abuelos con dos nuevos integrantes de la familia, sus hijos.



Mahavir Kmina


Si bien los años pasaban con normalidad, los malos hábitos del pasado se convirtieron en los causantes de sus futuros problemas de salud, los cuales no notó, sino un tiempo después. Un día como cualquier otro, durante su juventud, trabajando como tapicero, la profesión que heredó de su padre desde los siete años, se chuzó un pie con un clavo y pensando que iba a recuperarse pronto, decidió olvidarlo y no preocuparse demasiado.


Doce años pasaron desde el chuzón y mientras disfrutaba bailando en la Feria de las Flores, en el año 2019, comenzó a sentir que algo no andaba bien, por lo que decidió descalzarse para revisar su pie. Al momento de mirar, detenidamente, qué era lo que le causaba las molestias, se encontró con que tenía una ampolla, donde hace tanto tiempo se había lastimado. Además de la ampolla, notó un “huequito”, como José Israel lo describe, el cual lo hizo preocupar y acudir al médico lo antes posible. Sin esperarlo, todo parecía indicar que padecía de diabetes, y que esta fue provocada por el exceso de alcohol en tiempos pasados. Su condición, sumada a la herida ocasionada por el clavo, causaron una infección en el pie, que en silencio, progresó hasta el punto en el que no hubo vuelta atrás.


Sin embargo, el primer médico que visitó, revisó superficialmente la herida y sin ir al detalle, le recetó una fórmula, que José Israel tomó, hasta que se dio cuenta de que la infección, en vez de mejorar, con el paso del tiempo, empeoraba. Unos días más tarde, con mucha dificultad para caminar y preocupado por su pie, decidió mostrarle a su hija la herida que lo agobiaba día a día, y ella sin pensarlo dos veces, aseguró que lo mejor era llevarlo a urgencias. En esta ocasión, un internista lo revisó y le ordenó un lavado, el cual realizaron en el hospital. Al siguiente día, el médico, nuevamente, fue a revisar el estado del pie y al quitar la vendas descubrió que el “huequito” en realidad era de tal magnitud, que podría haber sido del tamaño de su mano, mientras que por el otro lado del pie, los tendones al descubierto daban a entender, que la situación iba más allá.


En ese instante, el profesional de la salud, pensándolo muy bien, le comentó acerca de las tres alternativas para proceder, explicando las consecuencias de cada una de ellas. La primera, era remitir a otro especialista en diabetes y esperar qué procedimiento le sugería; la segunda, era llevar a cabo un trasplante de piel, en el cual se removía piel de los glúteos para ponerlos en el pie, con el riesgo de que la extremidad rechazara el injerto y la tercera era realizar la amputación de la pierna.


José Israel, en ese instante, preguntó a qué altura le realizarían la amputación, en un intento de imaginar cómo se vería su pierna, mientras meditaba cuál sería la mejor decisión. El médico siguió explicando que, como la infección ahora avanzaba a mayor velocidad, la amputación se tendría que realizar un poco más arriba del tobillo, con el fin de prevenir que se infectara el resto de la pierna. Al considerar la seriedad de la infección en su pie, él no tuvo duda en responder que lo mejor era que le amputaran la pierna. “Yo me puse a pensar en Abraham, el de la biblia, que Jesucristo le puso como prueba que sacrificara el hijo para demostrar el amor que tenía y yo, haciendo uso de ese pasaje de la biblia, me dije, ‘si yo no me hago mochar esta pierna, mañana y pasado mañana me va a seguir subiendo y me va a matar, entonces yo quiero mucho a mi hija, yo quiero mucho a mi esposa y yo quiero mucho a mis nietos, y quiero vivir más y por amor a ellos, yo voy a sacrificar mi pierna’ y eso hice, le dije doctor, ‘yo ya decidí y no lo pienso más, me hace el favor, proceda’, y a los días me estaban amputando, el 27 de agosto del 2019”.


A partir de ese momento, su vida cambió, su hija lo recibió en su casa y lo cuidó durante el tiempo de su recuperación, mientras su muñón cicatrizaba. Sin embargo, para José Israel tener que depender de su familia, le afectaba, pues quería seguir siendo una persona productiva e independiente.


Todos han estado al pie mío y me han ofrecido muchas cosas, el apoyo moral y el amor lo he recibido de ellos, hasta el punto que se estaban volviendo hasta alcahuetas conmigo, entonces ellos querían hacer todo por mí, se llenaron de lástima y yo no quería que ellos sufrieran, porque yo sabía que ellos estaban sufriendo por la situación que yo estaba pasando, pero yo les dije: no, tranquilos, no se preocupen que de esta vamos a salir, entonces ahí mismo me puse a pensar que yo tenía que seguir trabajando y produciendo, yo no quería echarle esa carga a la hija mía, porque yo entonces me iba a volver una persona improductiva e inútil y yo no quiero ser una carga”, comentó José Israel.


Cuando su familia quería ayudarle en tareas sencillas del hogar, él intentaba realizarlas solo, de manera que pudiera seguir sintiéndose útil. Así, tomó la determinación de regresar a su casa, para seguir trabajando en su taller de tapicería. Sin embargo, en esos días recibió unas muletas, a las cuales no fue capaz de acostumbrarse. Un día, al salir con su esposa, se cayó usando las muletas, lastimándose el muñón, y como notó que podía infectarse el muñón, sintió miedo y prefirió no usarlas muy a menudo. “En vista de eso, ahí fue cuando dije, yo me tengo que hacer algo para poder movilizarme y trabajar”, contó José Israel, quien al ver unos tutoriales en YouTube, descubrió que podía fabricarse su propia prótesis y sin pensarlo dos veces, fabricó su prótesis artesanal con un banquito y elementos que encontró en su taller.





A los dos años de la amputación, un cliente llegó a su taller con buenas noticias. Además de encargarle un trabajo, le compartió el nombre y teléfono de una organización sin ánimo de lucro, que le cambiaría la vida con una prótesis gratuita. Con mucha emoción y sin saber si tanta maravilla era verdad, le dijo a su nieto, Camilo, que hiciera toda la gestión. Sin pensarlo, Camilo llamó a la Corporación, donde le indicaron el paso a paso, para realizar la solicitud de la prótesis. Su nieto siguió, cuidadosamente, estas indicaciones y unos meses más tarde, recibieron la llamada que más los alegraría, Israel tenía una cita programada para el 27 de octubre. Sin embargo, mucho antes de la cita, recibieron una nueva llamada, en la que les adelantaron la cita para el martes, 5 de octubre.


Ese día, José Israel se preparó desde muy temprano, con mucha ilusión, para ir Mahavir Kmina, con su prótesis artesanal. Las ansias y la felicidad se manifestaron en la Corporación, a medida en que iba pasando por los diferentes procesos y al sentirse más cerca de su sueño: volver a caminar para abrazar a los que ama y seguir siendo independiente. “Ya en este momento me puse la prótesis por primera vez, tengo ganas de llorar, de alegría, es que la sensación que se siente es increíble, solamente uno que lo está viviendo sabe lo que se siente. Yo sí sabía que los sueños se hacen realidad, y para mi este es el mejor regalo que he recibido”, expresaba entre lágrimas, mientras esperaba la entrega oficial de su prótesis.


Mientras daba sus primeros pasos con la nueva prótesis, reconoció que a partir de ese momento tenía el reto de aprender a caminar y que a pesar de las dificultades, ahora, tiene todo lo que necesita para ser feliz y continuar con sus proyectos. A sus 68, sabe que podrá seguir trabajando en su taller y se sentirá mucho más cómodo, esperando con mucho entusiasmo la Navidad. “Yo decía, ojalá se me haga realidad lo de la prótesis, a ver si de pronto, ahora en diciembre, que resulta tanta parrandita por ahí, poderme movilizar más fácil y no solamente por eso, sino por la estética también, porque yo me puse a verme en las foticos que me tomó el nieto en los videos de la serenata y me veía como rarito, porque yo era con las maracas en la mano de corbata, bien organizado y con la banquetica al lado”, comentaba con una gran sonrisa, agregando, “yo sé que este diciembre va a ser muy diferente a los otros anteriores y así es, ya estoy sintiendo mucha alegría y yo sé que en la casa también mi hija, mis hermanos, porque tengo dos hermanos en manizales y mi señora se van a poner muy contentos”. Sin duda alguna, José Israel espera que llegue diciembre, porque sabe que podrá volver a bailar como lo hacía unos años atrás.


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