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El amor y la unión hacen la fuerza

Vicente y Deyanira son una pareja con 32 años de casados muy especial. Son un gran ejemplo de que el amor y la unión hacen la fuerza. Hoy, son una muestra de superación.



Deyanira es profesora en una escuela de una zona rural, cerca a su vivienda y lleva 16 años enseñando a los niños más pequeños los números y el abecedario. Vicente, ahora pensionado, trabajó como electricista toda su vida.


Un día de marzo, en el año 2019, Deyanira terminó su jornada laboral y regresó a casa, como de costumbre. Al ver a su esposo caminando con dificultad, le preguntó sin dudarlo qué era lo que le pasaba, a lo que él respondió, “al caminar, siento mucho dolor en la planta del pie derecho”. No esperaban que al revisar su planta del pie, se encontrarían con una extraña línea negra, que finalmente, después de mucho analizarla y no identificar su causa, los llevaría a tomar la decisión de dirigirse, inmediatamente, a su EPS. Al llegar al hospital, el médico que lo revisó no lo consideró como una lesión grave y lo envió de regreso a su casa, con medicamentos para calmar su dolor.


Pasaron un par de días y el pie de Vicente empeoraba, su dolor era cada vez más intenso e insoportable, por lo que su esposa tomó la decisión de viajar con él a Medellín, en busca de un tratamiento que le brindara una solución. Al llegar al primer hospital en la ciudad, los médicos, una vez más, no lo consideraron de urgencia ni de hospitalización, así que ellos, muy angustiados, siguieron su camino en búsqueda de un lugar donde pudieran encontrar el apoyo que necesitaban. Para su suerte, encontraron un médico que sí lo consideró importante y empezó a tratar su problema.


Ya era 5 de marzo de 2019 y a pesar de la hospitalización, la buena atención que recibieron y el tratamiento que le estaban suministrando, la lesión en su pie era tan grave, que unos días después, el médico decidió que lo mejor, en este caso, sería una amputación de su pierna, por debajo de la rodilla y como ambos estuvieron de acuerdo, así fue. Una vez le realizaron su cirugía, lo enviaron de vuelta a casa sin medicamentos.


Ocho días después de estar en casa recuperándose, Deyanira se dio cuenta de que Vicente no estaba bien y tenía una fiebre que era cada vez más alta, por lo que decidieron viajar, nuevamente, a Medellín. En el Hospital fue sometido a una segunda cirugía en su pierna derecha, en la cual su muñón quedó más corto, ahora había quedado por encima de la rodilla. Debido a todo lo que vivió durante esos días, descubrieron que él, al igual que su esposa, también era diabético. Con el diagnóstico, los tratamientos y los medicamentos que le recetaron, comenzó su recuperación.


Deyanira fue diagnosticada con diabetes en el año 2012 y desde entonces, toma la medicina que le recetaron para tratar su condición. Para enero de 2020, Vicente ya se encontraba bien de salud, pero su esposa comenzó a sentir un dolor muy fuerte en su dedo meñique del pie. Su hijo, muy preocupado e insistente, la llevó al hospital del cual la devolvieron para su casa con una caja de analgésicos. Ella continuó con el dolor un par de meses, hasta que fue insoportable y decidió, una vez más, viajar a Medellín en busca de una solución para su dolor y fue hospitalizada. Al ver que el tratamiento no funcionaba y que la circulación en su dedo no estaba bien, tuvieron que amputar su dedo. Ella aceptó la cirugía, con la esperanza de que el dolor se detuviera, pero esa semana, estando en su casa, le dio una fiebre muy alta, debido a una infección que le comenzó a afectar el pie, tuvo que regresar a la ciudad para someterse a una nueva amputación, esta vez era por debajo de la rodilla. En esta ocasión, viajó de vuelta a su casa, pero con antibióticos y recomendaciones para el cuidado del muñón y la diabetes.


Para ambos, vivir una amputación fue un desafío, porque a pesar de la situación por la que pasaban, buscaban fuerzas para animarse el uno al otro, motivándose, para seguir adelante. Juntos, aprendieron sobre el cuidado de los muñones y se pusieron el propósito de aprender a caminar con muletas y caminador. Sin los recursos para comprar una prótesis para cada uno y sin contar con el apoyo del sistema de salud, recurrieron a Mahavir Kmina, cuando una amiga de la familia, también beneficiaria de la Corporación, les compartió la información necesaria para realizar la solicitud de sus aparatos ortopédicos.


Aunque él ya había recibido una prótesis, visitó por segunda vez las instalaciones de Mahavir Kmina para una revisión y ella recibía su primera prótesis. Juntos, asistieron a sus citas y fue así como él pudo sentirse más cómodo y seguro, mientras ella, al mismo tiempo, daba sus primeros pasos. Hoy, son optimistas sobre el futuro, al igual que sus familiares, pues Deyanira sabe que podrá seguir enseñando a los pequeños de su comunidad, siendo muy consciente de que paso a paso, recuperará su movilidad e independencia. El mensaje que comparten es para nunca rendirse, insistiendo a quienes han perdido alguna parte de su cuerpo:


“que se motiven a buscar la prótesis, que es una nueva

oportunidad que le da la vida a uno y hay que luchar hasta el

último aliento, hasta el último momento”.


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