“Nunca imaginé sentir un dolor más grande que el de perder a mi hija”


-“María Enid, la voy a operar” - dice el médico vascular.

-“¿Me va a operar?, ¿y de qué?" - responde ella.

-“La circulación en tus venas está obstaculizada por unos trombos (coágulos de sangre), así que debemos hacerte una cirugía.”- le contesta el doctor.


Me hicieron 3 cirugías de miércoles a sábado y ese día el doctor me dice que ya no había nada más que hacer, que me tenían que amputar la pierna. Y yo le dije “doctor ampútemela ya, yo quiero comer, yo quiero dormir, en la clínica me ponían morfina y no me valía”. Ese dolor ha sido el más grande que he sentido en mi vida, incluso más que la pérdida de mi hija.

María Enid Hernández es de Medellín. Hace un año que perdió su pierna y no veía la hora de volver a caminar, de volver a llevar al niño al parque y volver a viajar. Gracias a una amiga, se enteró de Mahavir Kmina, la corporación que le donaría su prótesis de pierna.

Estoy muy agradecida porque ya sé que no voy a volver a tener esas muletas, solamente mientras aprendo a manejar bien la prótesis porque eso sí, parezco un bebé aprendiendo a caminar (risas).

Y es que esta mujer ha vivido golpes severos en la vida y, aunque sus palabras digan lo mal que se siente, lo adolorida e impotente, en sus ojos se ve el brillo de la esperanza y su sonrisa denota que quiere seguir luchando.

Yo pensé que me cortaban el pie y ahí terminaba todo. Pero esa primera noche, me caí llegando a la casa. Yo vivo en un segundo piso y al ver que no tenía cómo subir las escaleras, me tiré al piso a llorar. Esto no es fácil.

Yo me deprimía porque pasaba todo el día en la cama, sin fuerzas ni medios para pararme, usaba las muletas y me caía porque se me doblaban, el hambre me hacía comer el desayuno frío que llevaba mi esposo. Definitivamente, todo lo controla el cerebro, y el mío aún no se acostumbraba a no tener una de mis piernas y a sustituirla por unas muletas.

Esta madre comunitaria quiere volver a empezar, regresar a la guardería donde ayudaba a los niños del barrio La Cruz con sus dietas alimenticias y desarrollando planes pedagógicos para su bienestar. Pero si no puede volver, María Enid tiene un plan B: vender chuzos de pollo para darle calidad de vida a su nieto.

La gente le tiene lástima a uno y yo me pregunto: ¿por qué?, si soy una persona normal, que simplemente tiene una discapacidad por no tener un pie, pero pienso y reacciono como cualquier otro. Eso me da tristeza. Por eso, quiero servir de ejemplo para otras personas, porque esta es una oportunidad maravillosa que, gracias a dios y a la Corporación, puedo tener.



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